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Hace aproximadamente un mes ya escribí en esta columna en relación a que el mar y los temas marítimos eran los grandes olvidados de la educación en España. Evidentemente, no he cambiado de opinión en este tiempo, me ratifico totalmente en todas y cada un de mis palabras.

Soy muy crítica con la gestión de la cultura marítima que se hace en este país. Aunque, aventurarse a utilizar la expresión "que se hace" es más bien temerario y sería mejor utilizar "la que no se hace". No hay cultura marítima en este país, salvo honrosas excepciones, las cuestiones marítimas están completamente arrinconadas en un Ministerio al que preocupan más los maravillosos trenes y en cierta medida los aviones, pero que los barcos saben que flotan y poco más. Salvo los profesionales, estudiosos y amantes del mundo marítimo, que como las "Meigas" "haberlos háilos" y muy buenos, por cierto, nadie se interesa por el mar.

Poco después de escribir la columna que he citado anteriormente, me hablaron de una iniciativa que me dejó muy admirada y la cual no tengo más remedio que aplaudir y apoyar con todas mis fuerzas. Resulta que en el instituto Baltasar Porcel de Andratx (Mallorca), en este curso, por segunda vez, se están impartiendo cursos oficiales de formación profesional para formar, monitores de vela, en colaboración con la Federación Balear de Vela, instructores de buceo deportivo, en colaboración con la Federación de Actividades Subacuáticas y Socorrista Acuático en colaboración con la Federación de Salvamento y Socorrismo. Convirtiendo los títulos que otorgaban las federaciones respectivas en formación reglada y ofertando una nueva posibilidad de salidas profesionales a los jóvenes.

Es una buena iniciativa, que hay que aplaudir, pero no es en absoluto suficiente. Con esta iniciativa creamos profesionales, pero eso ya se hacía con otras titulaciones marítimas en las Escuelas Náutico Pesqueras y en las de Náutica y Transporte Marítimo. La creación de profesionales es importante, pero como digo, no es suficiente, porque el mar y su mundo sigue siendo un gran desconocido que alguien debe mostrar a la sociedad, para que nuestros jóvenes aprendan a amarlo y a descubrir las diferentes salidas profesionales que puede ofrecerles.

Por todo ello, cuando he leído que la nueva Ley de educación, la enésima en veinticinco años, establece la existencia de unas asignaturas de libre configuración, enseguida me he hecho la pregunta con la que titulo mi columna de hoy, ¿Será esta reforma educativa una oportunidad para la náutica, para el mar, para el fomento de la cultura marítima?

Si no lo llega a ser, será una auténtica lástima, pienso que estamos ante la oportunidad única, de que en algunos colegios o institutos, tanto en ESO como en Bachillerato se introduzca una asignatura de libre configuración sobre cultura marítima. Una asignatura que debería tener una contenido que descubriera el mar y su mundo a los jóvenes, para que de esta manera creciera una nueva generación en este país que ya no viviera de espaldas al mar, si no que lo conociera y lo tuviera como algo propio.

Está claro que esta sería la primera piedra de un edificio destinado a formar jóvenes amantes del mar, con capacidad, si así lo desean, de saber disfrutar de sus posibilidades e incluso de lograr una salida profesional dedicándose a este apasionante mundo sin tener que pasar por una autentica carrera de obstáculos para llegar a obtener la información necesaria para dedicarse a ello.

Un déficit de más de cien mil puestos de trabajo en las profesiones marítimas en toda Europa, merece el esfuerzo que supone el lograr introducir la optativa de Cultura Marítima en el currículo educativo de la ESO y el Bachillerato.

 

Autora: Marilena Estarellas