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Conversaciones Náuticas entre Don Botalón y Trinquete

A modo de introducción...
Estos dos personajes, tío y sobrino, conversan sobre los más diversos temas náuticos.<br>
Se reúnen primordialmente el velero “Thalassa”, propiedad del tío, un viejo Puma 341 que destaca en el puerto Deportivo de Mazagón por su popa estrecha y su proa lanzada que Trinquete sueña con heredar.
El sobrino admira profundamente a su carismático tío, un hombre curtido por los muchos mares y los muchos vientos de su pasada profesión de marino mercante además de sabio por los muchos libros que han pasado por su retina por lo que lo llama cariñosamente maestro.
Curro Rodríguez alias Botalón se entusiasma con la vitalidad y la sed de conocimientos de su sobrino que le recuerda sus primeros pasos por esa Huelva de los 60.

 

Capítulo 1     


L O S   S E N T I D O S


Los sentidos 1




-    Tío, ¿Verdad que en la mar las cosas son diferentes que en la tierra?
-    ¿Por qué lo dices?
-    No sé, es como si no tuviera otra oportunidad porque si las cosas vienen mal dadas y te equivocas nadie te puede ayudar.
-    O sea que me estás diciendo que tus cinco sentidos ¿no te proporcionan en la mar la información vital para solucionar cualquier contingencia?
-    Es que allí, solo rodeado de mar por todas partes sin GPS, sin luz… ¡todo es tan complicado!
-    Mira Trinquete es tan complicado porque hoy en día todo non los dan hecho con la sofisticada instrumentación que disponemos y actualmente no somos capaces de sustituirla por las capacidades que nosotros mismos tenemos, las mismas que tenían los primeros navegantes que sin tanta parafernalia descubrieron el mundo.
-    ¿Y las tengo yo?
-    ¡Pues claro! Son tus cinco sentidos que a bordo los tenemos más olvidados pero que evidentemente sirven para resolver las más complejas situaciones porque son instrumentos de precisión muy fiables si se tiene suficiente práctica para interpretar las señales que nos mandan.
-    Pero ¿sólo con ellos?
-    De hecho proporcionan toda la información que necesitamos para sacar el máximo partido a una complicada navegación. Siéntate en la bancada que te los voy a enumerar:
De todos los sentidos, lógicamente, es la vista la que más ayuda al navegante ya que es fundamental para la mayor parte de las actividades como seguir el rumbo, escrutar el horizonte, trimar las velas, fijar la situación en la carta… etc.
No voy a extenderme en la descripción del órgano pero también tiene sus olvidados trucos. En el centro de la retina están los conos que son unas células que son sensibles a las luces intensas e identifican los colores pero en la zona periférica están los bastoncillos que no perciben tan bien los colores pero son más sensibles a las luces débiles.
Saber que por la noche veremos mejor mirando de reojo nos puede ayudar, igual que a los miopes (naturalmente sin gafas) engurruñando los ojos.

 

Los sentidos 2

Los dos ojos nos permiten tener una visión estereoscópica de los objetos, apreciando su ubicación en un mundo tridimensional que permite ilusiones ópticas que son la causa de una errónea interpretación de la realidad. Por ejemplo cuando no existe ningún punto de referencia, los objetos más pequeños parecen estar más lejos que los grandes como también estimamos más lejanos los objetos situados más altos o aquellos que tienen colores más claros o menos brillantes.
Cuando una luz aumenta de intensidad parece que se está acercando y cuando estamos cansados o nos fijamos un punto largo tiempo hace que los ojos pierdan sensibilidad y capacidad de percepción viendo mal el objeto existente e incluso nos imaginamos los no existentes.
Con la ayuda del oído podemos detectar fenómenos sin entrar en contacto directo con ellos; es el complemento de la vista, pero sometidos a grandes esfuerzos pierden sensibilidad.
El sonido se propaga a 330 metros por segundo, así puede calcularse la distancia de una tormenta calculando el tiempo transcurrido entre la visión del rayo y la llegada del trueno.
Con su ayuda podemos detectar un mal funcionamiento del motor, el flameo de una vela, el rozamiento de cabos, los golpes de objetos contra el casco, toda una serie de señales acústicas, la imprescindible radio…
Con el olfato podemos percibir sustancias difundidas por el aire, como el olor a quemado, gases, carburante, humedad… está muy relacionado con el gusto.
Muchos creen que el tacto no se puede aprovechar a bordo pero por ejemplo se puede utilizar para conocer la temperatura de determinados elementos, detectar la tensión de los cabos, estimar la fuerza ejercida sobre el timón, realizar trabajos en logares inaccesibles a la vista…

 

Los sentidos 3 

Maestro, para, que ya tenemos a los cinco sentidos.
-    Pues no, porque además de los cinco sentidos el cuerpo humano dispone de otros mecanismos de gran importancia para la navegación. Uno de ellos es el equilibrio, que no solo hace que nos mantengamos erguidos, sino que actúa de forma decisiva en uno de los males que más nos afecta: el mareo.
Para navegar es necesario conocer nuestro factor humano con sus limitaciones y sus virtudes para no abrazarnos desesperadamente a la ayuda electrónica.
-    Pero esto necesita un entrenamiento.
-    Claro
-    Pero por ejemplo ;vamos a imaginar situaciones

 

Los sentidos 4

 

Caminar a bordo no es una operación repetitiva como en tierra., porque nos encontramos con una superficie de apoyo que va cambiando continuamente. Lo fundamental es dominar nuestra propia estabilidad.
Cuando se ve un gran buque un patrón debe saber que los propios gradientes visuales se ven afectadas por la distancia y hacen que calculemos como iguales dos barcos u objetos que pueden ser realmente muy distintos.
Hay que practicar la estimación del rumbo seguido por un gran buque. La orientación de los mástiles de carga, los blancos bigotes levantados por la proa. Dirección y velocidad. (Algunos van a más de 20 Kn.)
La fuerza a ejercer con la caña cuando se está escorando nos da la fuerza del viento. Pero para quien conoce bien su barco, con el silbido del viento en la jarcia sabe con certeza a cuanto está soplando.
Practicar las marcaciones en cabotaje. En la navegación tradicional se tomaban con la mano. Desgraciadamente se ha olvidado que sirve para medir los ángulos. Con el brazo extendido y cerrando uno de los ojos la separación entre los dedos da los grados con relativa precisión.
Cuando hay avería y los instrumentos no funcionan es cuando más se aprecian estas prácticas que muchos consideran absurdas en este mundo moderno y tecnificado pero lo cierto es que debemos conocernos a nosotros mismos allí… en la mar.
-    ¡Y sin trucos

 

Los sentidos barco temido