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Yachy Point 01

Capítulo 18   LOS QUERIDOS PITIDOS


Don Botalón arranchaba el barco de su hermano, el Penélope, para llevarlo  desde Punta Umbría a la bahía de Cádiz, concretamente a Puerto América.
Pretendía hacerlo navegando primero de noche aprovechando la buena meteo , aunque estaba algo inquieto  porque al mirar el barómetro vio que bajaba ligeramente y ,al contrario,  el termómetro  subía a toda mecha  lo que podría anunciar  que iba a entrar el levante que no convenía al rumbo de su singladura.
Cuando se enteró Trinquete hizo lo imposible por acompañarlo porque  su tío, que de vez en cuando le gustaba navegar en solitario, puso todos los inconvenientes posibles repasando lo de los estudios, la mar de fondo, y en la última conversación telefónica, lo del levante; pero al final, ante tanta insistencia, cedió.
El motor ya estaba en marcha cuando embarcó y Botalón, a pié de palo, trasteaba adujando los cabos que su hermano tenía desordenados.
Bajó  para dejar el macuto, ponerse ropa de abrigo y encasquetarse el gorro de lana y se fijó en el mamparo de la mesa de navegación del Penélope, que estaba a rebosar con los aparatos de las ayudas electrónicas a la navegación que el barco tenía.
 
 
 Foto 18 01 

No le cabía ni uno más y en comparación con el Thalassa, su prodigalidad  era un derroche con los displays  y pantallas  arrojando sobre la mesa una luz azulada.
- Trinquete , zarpamos.
Con la experiencia de tantas salidas juntos, el sobrino conocía al dedillo todo lo que tenía que hacer y en un santiamén estaban librando la luz roja del dique exterior del Real Club Marítimo oficialmente conocido como zona de embarcaciones de recreo La Canaleta.
Navegaron hacia la boya luminosa de la terminal de crudos a la que dieron resguardo de media milla para librarse de las posibles  mangueras flotantes y siguieron en ese rumbo mirando por la amura de babor  para ver aparecer los destellos de diez segundos del faro más alto de España, el de Chipiona,  y  poder  gobernar hacia él ya que esa era la derrota.
 
 Foto 18 02 

El levante saltó y se estableció formalmente por lo que estabilizaron el motor a un régimen de crucero y ajustaron el rumbo con el piloto automático a la referencia lumínica que, en la antigüedad, el cónsul romano Cepión mandó construir para avisar de los bajos de Salmedina.
- Maestro , ¡como se nota que no sabes manejar la ayuda electrónica!
- ¿Por qué? , pregunto Botalón con cara de pocos amigos.
- Con la cantidad de instrumentación electrónica que tenemos abajo, ni siquiera te has dignado bajar a mirar lo que indican .
- Para lo que hemos hecho no nos eran necesarios; pero te equivocas en tu apreciación.
Cualquier navegante tiene la obligación de conocer, y muy bien, lo que ofrecen  estas ayudas a la navegación.
Sobre todo cuando navegas en solitario ya que las alarmas son fundamentales.
- ¿Alarmas?
- Sí , las alarmas ,los pitidos, las llamadas de atención, esos molestos sonidos que en este caso son amigos. -    A mí nadie me ha hablado de alarmas, respondió Trinquete con una mueca de frustración, ¿y dices que se utilizan mucho?
- Ahora que  estamos navegando solos por estas aguas poco concurridas es un buen momento para  que, abajo en la mesa de cartas,  las repasemos juntos en esos instrumentos que tú crees que yo no conozco.
Se sentaron ante la panoplia de aparatos y Botalón señaló al GPS.
- Vamos  a empezar con este. Pulsó algunos botones y apareció el menú donde se activan o desactivan las alarmas.
Trinquete, en la mayoría de los instrumentos cada alarma puede establecerse y regularse a gusto del usuario. Pero en este no. O escoges que suenen o escoges que no suenen. On u off ; esto es lo que hay y sólo lo hacen en dos casos : cuando te acercas al waypoint  fijado y cuando te sales de ruta, separándote demasiado de la línea de rumbo.
En ese primer caso, estableces un radio de media milla o una milla alrededor del waypoint y el aparato te avisa.
- Pero si estás llegando, terció Trinquete, ya se supone que lo ves porque tienes la costa cerca y estás atento.
- No siempre es así. Ahora vamos navegando hacia un faro pero suponte que no lo hubiera. Navegaríamos hacia las coordenadas de un punto separado de la costa dos millas, por ejemplo, si tenemos que recalar. Nos avisa de un posible tráfico de barcos y naturalmente que íbamos a estar atentos pero a lo mejor media hora después. En el caso de un waypoint intermedio nos avisa para comprobar que arrumbamos correctamente si vamos a motor o para preparar la maniobra si vamos a vela.
- ¿Qué radio vamos a elegir?
- Una milla
- ¿es mucho, no?
- Sí, así conseguimos que pite aunque no vaya directamente al waypoint.
- Entonces, dijo rotundamente Trinquete, la  alarma del desvío de ruta no sirve absolutamente de nada.
- ¿Por qué lo dices? Esta empieza a sonar cuando el GPS detecta que la posición del barco está demasiado separada de la línea de rumbo prevista. Tú puedes elegir el margen desde cero a diez millas.
- Lo que te digo, insistió el joven, ¿quién pondría la alarma de desvío, por ejemplo, a siete millas?
- Navegando en estas distancias tan cortas , eso sí, resulta absurdo salirse más de dos millas pero no lo es en singladuras más largas. Si vamos a vela es común orzar o caer según el viento y la mar, para andar más rápido o simplemente para evitar balances incómodos.
A pesar de que la instrumentación electrónica no avisaba de anomalía alguna en el plan de navegación previsto, Botalón subió a  la bañera para comprobarlo personalmente.
El barco navegaba en soledad negociando a la perfección el mar de fondo. El timón se movía  casi imperceptiblemente obedeciendo a las leves correcciones que, para subsanar los pequeños desvíos, el piloto automático le ordenaba.
La luz del lejano faro jugueteaba  con el estay de proa y en el cielo, ya oscuro, parpadeaban las estrellas, confundidas por la humedad del aire que empezaba a depositarse sobre el barco empapándolo todo como si fuera una comunión vital.
Al este ya se veía un trozo de luna elevándose por el horizonte que empezaba a rielar en la penumbra de fosfóricos trenzados.
Botalón se impregnaba de esa energía cuando de pronto, rasgando la calma levente rota por el ronroneo del motor  y el rumor cadencioso de la mar de proa, la voz de Trinquete resonó desde el tambucho :
- Maestro, ¡baja ya!
- Tranquilo, chiquillo, dijo Botalón bajando la escala, que tenemos tiempo de sobra.
Estaba comprobando el rumbo al que nos lleva el piloto automático.
- Pero si lo ves aquí. Tanto hablarme de alarmas y el piloto no las tiene.
- No es así dijo Botalón señalando una caja negra y plana que había a la entrada del tambucho. Cuando el piloto automático no puede mantener el rumbo avisa y, poniendo la palma de su mano derecha en la caja de alarma - terminó diciendo con una voz más grave - esta sí que no se puede parar a no ser que desconectes el aparato entero.
Supongo que conocerás este instrumento, dijo señalando la sonda, pues también tiene alarmas.
- Sí, esta me la sé, dijo precipitadamente Trinquete, pita cuando hay poca profundidad.
- Y mucha.
Trinquete se quedó en suspenso con cara de besugo, por lo que su tío continuó:
Sí, hombre, imagínate que estás fondeado y hay seis metros de fondo. Pones la alarma de poca profundidad a cuatro metros y la de mucha a ocho. Si te mueves ya sea hacia la playa o hacia fuera, la alarma te avisa.
Aquí sólo vamos a poner la de poca profundidad y  la regulamos para que avise a los  16 metros por lo que saltará, según la carta, un poco antes de la Punta del Cabo cuando ya deberíamos ver la débil luz de la baliza, apantallada con las luminosidad de Chipiona, que señala el bajo de Salmedina ; muy cerca de una boya cardinal W.
- Sí , Maestro, pero todo esto lo verás en el plotter y en el radar porque supongo que todas las balizas estarán provistas de reflector.
- Por supuesto, pero la prudencia es la norma de un patrón y siempre hay que estar preparados.
De pronto, un zumbido intermitente surgió del mamparo instrumental.
- ¿Qué pasa? , preguntó intranquilo Trinquete, algo pasa, repitió nervioso.
- Te tienes que acostumbrar a distinguir las alarmas y saber qué instrumento es el que avisa y para diferenciarlos podemos ,como en los móviles, variar el sonido que viene preinstalado de fábrica . Así identificas fácilmente los aparatos.
Ese que ha sonado es el radar. El aparato protector por antonomasia. Y ha sonado porque ha detectado un barco.
- ¿Si?
- Pero no.  Como hay mar de fondo, tenemos que aplicar el filtro antioleaje. Este funciona levantando el haz de rayos y , por tanto, inutilizando prácticamente el radar de la zona cercana.
 

 Foto 18 03 

- Vaya , pues qué bien vamos ,dijo irónicamente Trinquete, hablando de tantos pitos y al final no nos avisan por si se acerca un barco.
- Sí, pero no conviene que seas tan negativo. Para que se acerque un barco, a no ser que sea un submarino, primero tiene que venir de más lejos  - ¿verdad?-
- Es cierto, contestó mirando distraídamente la pantalla del radar  y sabiendo por el tono de la pregunta que ahora tendría que dar su brazo a torcer.
- Por lo tanto, pongamos por ejemplo que yo quiero vigilar la zona entre una y tres millas. Y que sólo quiero hacerlo en los 180º de proa que es la me interesa  - mientras iba hablando Botalón manipulaba los comandos de VRM para situar la pantalla tal como estaba diciendo - ahora tenemos un circulo entero, un segmento circular, vamos y ahora voy a delimitar la zona por ángulo.
La corona circular que Botalón había elegido se presentaba en la pantalla con un tono ligeramente iluminado, que destacaba del resto. Sus dedos seguían manipulando la botonera y  pulsaron el botón de la función EBL, que traza demoras, y al mover el vector se cerró una zona entre los dos traveses del barco. El fragmento de color distinto de la pantalla  quedó reducido así a la parte de proa.
Ahí vigila el radar, continuó diciendo, y si haya algún destello disparará la alarma.
Puedo desactivar la alarma y puedo volverla a activar manteniendo el sector elegido y también puedo cambiar de escala, pero la alarma sigue en funcionamiento para las distancias y ángulos elegidos…
Trinquete pensaba interiormente que Botalón todavía no había dado solución a su pregunta lo que significaba que no la habría; ya se sentía vencedor cuando dijo:
- Sí mucho rollo y la pantalla muy bonita pero no salta cuando aparece un barco o una boya . Luego no sirve cuando hay mar de fondo como ahora.
- O con lluvia. Bueno hay que regular con tino la ganancia y los filtros.
- Luego tenía razón, contestó triunfante Trinquete chasqueando la lengua adornando después con una perversa sonrisa .
- Vamos a ver sobrino, ¿tú te crees que los ingenieros que han diseñado el aparato son estúpidos? .
La alarma sólo se dispara cuando el reflejo, con la misma posición y la misma intensidad, ha sido detectado dos o tres veces, pero a pesar de este sistema, a veces con mar o con lluvia, salta sin que haya ningún objetivo a la vista, pero como antes te dije vale más un exceso de prudencia.
La cara de Trinquete acusó el chasco y Botalón esbozó una débil sonrisa negando con la cabeza.
El barco seguía navegando correctamente hacia su primer waypoint. Botalón subió y se encontró un panorama casi idéntico al que había dejado con desgana la vez anterior. La luna lamía el windex en su fase de gibosa menguante e iluminaba el barco como un viejo televisor en blanco y negro. Bajó para ponerse el chaquetón.
 

 Foto 18 04 

- Trinquete, ya es muy tarde así que voy a hacer la guardia hasta el amanecer, hasta las siete.  ¿Qué  te parece si a esa hora me relevas? Mañana continuamos con esto de las  alarmas.
- ¿Pero es que hay más?
- La de sentina, la del humo en la cocina, la del humo en la caja del motor, la del gas y las que saltan si hay poca presión de aceite, si no carga el alternador, si sube la temperatura del agua o si …
 

 Foto 18 05 

- Para, para, para ; que me estás agobiando tío. Mañana  lo vemos.
Entonces, buenas noches y buena guardia.
- Gracias sobrino, apaga todas las luces y pon la alarma.
- ¡Qué alarma! ¿no habíamos terminado ya con las dichosas alarmas?
- La de tu reloj a las siete.