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Yachy Point 01

Capítulo 19   En la Bahía de Cádiz I


Soplaba una brisa tibia y salobre en el preciso instante en que el Thalassa ponía proa a la boca de la bahía de Cádiz.
La ciudad trimilenaria parecía que flotaba sobre la mar envuelta en una ligera calima.
En sus bloques de piedras, rompientes de las sirenas donde duermen en la orilla la lentitud de los siglos, se reflejaban, con un fulgor dorado, los rayos de luz que iban desmenuzando la transparente bruma.
 

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Destacaba como un fogonazo blanco en la lejanía salpicado con los colores azules, rosas y verdes, que adornaban parte de su caserío, como un puzle sorprendido en el colorista y mágico espejo que formaba el agua que la rodeaba.
El programa era encontrar un buen fondeo para pasar el día y volver a Mazagón en la oscurecida.
- ¡Ya estamos!, exclamó Trinquete mirando el encendido horizonte con la mano derecha en la frente haciendo como una visera,  ¡Ya tenía ganas de navegar por la bahía, porque es que le echan un cuento sus navegantes…!
- No es fácil navegar por esta bahía, contestó Botalón con voz grave,existen muchas zonas peligrosas para timonear por ella.
Si te tomas la molestia de echarle un vistazo a la carta, continuó, verás muchos bajos como Los Cochinos, ElQuemado, Las Puercas, El Diamante, Las Galeras, La Freidera, El Tabladillo, El Fraile, El Picacho, La Cabezuela, La Palma, La Piedra de la Canal, El Chapitel, la laja Herrera, la laja de la Soled …
- Por favor, para, para; que me estás poniendo la carne de gallina.
- Por eso no debes opinar así, a la ligera. Y no te he hablado de los vientos y las corrientes  porque aquí, por ejemplo, puede saltar el levante y en un instante está soplando con fuerza siete u ocho.
 

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- Entonces elegir un sitio para fondear debe ser difícil.
- Esto es. Depende del viento que haga y de la marea. Ahora que sopla un flojo levante  podríamos fondear en La Alameda, por detrás del Puerto América, o ante La Caleta ; pero eso lo decidiremos más tarde , ahora te enseñaré uno de los sitios con más historia marítima de España.
El Thalassa pasaba por fuera de la baliza de El Quemado y pronto se halló  entrando en el Canal Principal.
La marea estaba creciendo y las aguas tiraban al barco hacia el sureste por lo que el barco se aconchaba  sobre los muchos bajos y arrecifes que cercan a Cádiz y que la enlazan al idilio permanente con la mar que ha seducido a propios y a extraños.
Trinquete aferrado al timón y tratando de mantenerse en la canal, exclamó:
- ¡Maestro, como tira!
- Ya  te lo dije, esto no es tan fácil como parece. Aquí bajo estas aguas duerme parte de nuestra historia y creo que es el yacimiento arqueológico submarino más importante del mundo.
- ¿por qué lo dices?
- No existen referencias fiables, por ejemplo, de las naves fenicias en cuanto a su construcción y armamento , sólo las tenemos a base de monedas ,toscos dibujos y cerámicas. Bueno pues de este fondo ya se han recuperado restos de una nave fenicia, y el remanente sigue ahí.
 

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- No serviría de nada, tío, porque  se desintegraría cuando se tocase, que yo lo he visto en un documental.
- No sé en qué aguas estaría filmado este documental que dices pero el fondo de esta bahía de Cádiz está formado de un lodo especial sin oxígeno que permite conservar casi intactos los restos arqueológicos. Es la suerte que tenemos.
El barco superó el puerto comercial y ya estaba frente al puente de Carranza con el través de estribor a una imponente torre eléctrica levantada tras el Castillo de Puntales.
 

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- Cada vez que estoy aquí, rompió el silencio Botalón, me acuerdo deWimbledon y de las penurias que por aquí pasó.
- Wimbledon… ¿El de las pistas de tenis y el campo de futbol?
- Bueno, en su tiempo allí tenía su casa. Ahora es un barrio de Londres.
- Trinquete abrió los ojos, enarcó sus cejas y espetó como una ametralladora: ¿Y qué hacía por aquí? ¿Cuánto tiempo hace de eso? ¿Penurias dices?
- Es una larga historia.
- Venga, Maestro.
- Bueno haré un pacto contigo. Vamos a comer al Club Náutico Elcano que está allí, dijo Botalón señalando unos palos que sobresalían de una escollera, te cuento la historia y en la vuelta harás tú la primera guardia.
- ¡Hecho!
 

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El motor de arranque carraspeó  y arrancó el Mercedes- Benz marinizado por Solé que tan buenos servicios había dado en su larga vida.
Botalón casi aproó el barco al viento. Enrollaron primero el génova y bajaron la mayor en un instante. Estas maniobras, tan repetidas, seguían una pauta que Trinquete tenía memorizadas: desguarnir algo las drizas a pie de palo; soltar la escota de barlovento de la génova y dejarla libre de obstáculos a continuación cazar el enrollador mientras se amollaba la escota de sotavento con algo de tensión para envolver correctamente la vela.
Después  aligerar la botavara largando la retenida y tensando el amantillo; arriar la mayor ayudada por los lazy-jacks, para acomodarla revistiendo la botavara con esmerados pliegues en zigzag cuidando de colocar, sin que resaltasen, los sables forzados.
Así, a palo seco, Botalón metió la caña a estribor para caer al 210 que le haría cruzar la bocana y atracar en el pantalón que les habían indicado por radio.
- Pues sí ,Trinquete, comenzó Botalón a desgranar la historia  después de haber pedido la comanda, voy a empezar a hablar de un rey inglés ,Jacobo I, que me sirve para presentar a los personajes de esta rocambolesca  trama.
Este rey tuvo muchos favoritos, porque no se podría decir que le gustasen mucho las mujeres, pero todo esto se acabó cuando apareció por la corte un tal  George Villiers que en menos de dos años se convirtió en primer ministro y en una de las personas más influyentes de Inglaterra.
Era un ser encantador; un seductor nato y consiguió, pese a sus muchos fallos políticos, mantenerse en el poder a lo largo de los años.
Esta atracción también cautivó al sucesor del rey, conocido como Carlos I, que aunque no era homosexual, lo mantuvo como favorito.
George ya no era el elegante adonis de sus tiempos mozos pero sí el todopoderoso duque de Buckingham transformado en la salsa que condimentaba todos los guisos palaciegos.
Por unos espías se enteró que llegaría a Cádiz un importante cargamento de piedras preciosas, oro y plata por lo que decidió apropiarse del tesoro.
Convenció al rey con el pretexto del mal trato que se le había dado en España, cuando era príncipe de Gales,  ya que fue rechazado cuando pretendía la mano de María Ana , la hija menor de Felipe III.
España tendría que pagar esa ofensa y la flota del tesoro de Cádiz sería la indemnización.
El Camarero trajo un gran plato, para poner al centro de la mesa, relleno con unos fritos variados de cazón en adobo, pijotas, chocos, chipirones rellenos y acedías que tenían el sabor típico de la freiduría de plaza Las Flores
 

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y que empezaron a comer entre sorbos de una fresquísima cerveza.
Inmediatamente presentaron otro considerable plato con diversas preparaciones del atún, que Botalón ya había probado en el restaurante El Campero de Barbate, donde se cocinaban lo mismo en salazón como en ahumado, escabeche, cocido o en estofado diferentes partes de este saludable alimento y, para no salirse de la tierra, venía acompañado de una cubitera donde sobresalía una verde botella de vino blanco Gadir de la bodega Osborne .
- Creo que hemos pedido demasiado.
- Bueno sobrino; muera el gato, muera harto. Ya sabes que tu tía me tiene prohibido los fritos…
- Bueno , Maestro, sigue.
- No puedo. Primero vamos a disfrutar tranquilamente de la comida. Tenemos tiempo de sobra.